EDIFICIO BOULEVARD
PARTIDO DE SAN MARTÍN, BUENOS AIRES, ARGENTINA
Proyecto: Arq. Luciano Kruk
Coordinación de Proyecto y Obra: Arq. Melanie Chismechian
Fotos: Daniela Mac Adden
Superficie del terreno: m2
Superficie construida: m2
Año de construcción:
El proyecto parte de una operación elemental: disponer tres volúmenes para construir un vacío.
Implantados sobre una porción extensa de la manzana y con diferentes alturas, los edificios dejan de entenderse como objetos independientes para formar parte de un único sistema. Entre ellos aparece un espacio protegido de la ciudad, una plaza interior donde la vegetación, la luz y las relaciones entre las distintas piezas construyen el verdadero centro del proyecto.
El vacío deja así de ser la distancia necesaria entre los edificios para convertirse en materia arquitectónica. Es un espacio común, pero también un paisaje interior: una pausa dentro de la densidad y el movimiento de la ciudad, capaz de introducir otra escala y otra temporalidad en la experiencia cotidiana de habitarla.
La arquitectura establece dos relaciones diferentes con su entorno. Hacia las calles y el boulevard, las losas de hormigón se prolongan horizontalmente construyendo balcones y generando un primer espesor entre las viviendas y la ciudad. Una trama ligera de perfiles y vidrio superpone un nuevo plano a la fachada y transforma ese límite en un espacio de transición entre lo privado y lo público.
Hacia el interior, la expresión se vuelve más abstracta. Una trama de hormigón perforada por grandes vacíos que se desplazan entre los distintos niveles evita revelar directamente la repetición de las unidades. La vivienda individual desaparece detrás de un orden mayor y los edificios se perciben como piezas continuas que construyen los límites de un mismo paisaje.
El tercer volumen, más bajo y retirado de la calle, se abre completamente hacia ese espacio común, reforzando su condición de ámbito protegido y haciendo que la plaza deje de ser el fondo de los edificios para convertirse en su frente interior.
Entre la ciudad y la vivienda aparece así una sucesión de espesores: calle, estructura, balcón, interior, patio, vegetación. Una secuencia de filtros que gradúa el paso entre lo público, lo privado y lo colectivo.
Más que ocupar una manzana, el proyecto busca construir dentro de ella un lugar. Un pequeño paisaje interior donde la arquitectura se retira para que el vacío, la luz y la vegetación puedan convertirse en protagonistas.
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